domingo, 11 de mayo de 2008

Mi bitácora del 9 de mayo... Daniel Pradilla

Clase del viernes 9 de mayo

LA ÚLTIMA…

Decimocuarta clase de Laboratorio de Comunicación Escénica; la que sería nuestra última clase, nuestro último viernes. Nuevamente ensayamos en el Aula Magna Santa Teresa de Jesús (Edificio E, Nivel Planta Baja): escenario donde se pretende exhibir la obra el próximo miércoles 14 de mayo a las 6 PM. Los últimos minutos se agotan; ensayamos Difícil de Contar, sincronizando la actuación, la iluminación, el proyector de video y el sonido. Esta clase se convirtió en una forma de expresión, de explotar nuestra capacidad creativa y proyectar nuestras ideas. Me atrae la extravagancia de la obra; un “talk-show” que pretende revelar la verdadera historia de la controvertida Blancanieves. Mi personaje es el príncipe, con diálogos escasos, una personalidad seductora, cómica y vanidosa. Esta última clase fue similar a la anterior: ensayar, ensayar y ensayar… El vestuario ya está definido; los volantes y carteles ya están impresos; únicamente nos falta ajustar detalles de sonido e iluminación.

Han pasado catorce sesiones; muchas memorias invaden mi ser. Una clase donde se eliminó la timidez; donde éramos capaces de expresarnos sin reservas; donde se actúa con espontaneidad; y donde somos capaces de perder los escrúpulos. ¿Cómo olvidar el día del striptease? Nunca me había puesto una tanga, ni tampoco un brassiere… Este ejercicio fue trascendental para el grupo porque nos ayudó a crear un sentido de compañerismo; fuimos descubriendo las diversas personalidades de los miembros del salón. Aquel día no había un salón de estudiantes, sino un salón de strippers. Lapsos de libertad, de expresión, de comicidad, de desinhibición, de carisma, de aplausos, de “desvestirse”, de bailar, de sonreír, de hacer el ridículo, de convertirnos en alguien más, de jugar con nuestra imaginación.

En otra ocasión jugamos Tic-Tac: “Esto es un Tic. ¿Un qué? Un Tic. ¡Ah, un Tic!”. Recuerdo también las radionovelas; pienso que fueron bastante buenas y me provocaron muchas carcajadas. Me divertí muchísimo realizando “Le Prostibule”; la historia de unas “chicas” que trabajan en un prestigiado burdel. Nuestra radionovela tenía comerciales: "Genoprazol... para la gastritis".

Recuerdo esa obra cuyo argumento trata sobre Kululu, un pequeño niño que es constantemente aterrorizado por su malévolo abuelo; posteriormente, Kululu visitará a una extravagante y pervertida psiquiatra. El guión es bastante extraño, repleto de situaciones insólitas [incluso llegando a lo ilógico]; cada uno de los personajes tiene un “tic” y una personalidad muy particular. Al tiempo que escribíamos el guión se nos iban ocurriendo ideas desquiciadas, pervertidas y absurdas. Nuestra imaginación no tenía límites; la creatividad no tenía fronteras; y nuestros ideales eran ilimitados. Esta es una actividad creativa porque no existe una diferencia entre lo lógico y lo absurdo; porque imaginamos locuras; porque vivimos en un mundo real y fantástico a la vez; porque la irrealidad se fusiona con la realidad y se convierten en un mismo elemento; porque no existe el tiempo; porque la locura es válida; porque incluso pensamos en lo impensable; porque la escritura es un arte desmedido.

Los monólogos fueron también una actividad importante; mi interpretación de Van Gogh tenía una tendencia seria, una situación donde un hombre vive en un mundo de locura personal; mi escenario era el interior de la recámara de Van Gogh en Arles, al sur de Francia: un buró junto a una vieja cama; un espejo y una ventana a través de la cual se puede apreciar un hermoso jardín. Sobre el buró se encontraba una navaja y algunos pinceles y pinturas; también encontraremos un caballete con un lienzo blanco. A través de mi interpretación, me desenvuelvo en una problemática psicológica en la cual los colores se convierten en una obsesión: Pero ya busqué por todos lados y no hay nada; ni un rastro de aquella oreja morada. Un morado tan intenso que se puede confundir con café, o incluso con negro. Sí, eso es; una oreja negra… negra como una pantera.

Lo que más me sorprendió de los monólogos es que me percaté de que ya no existe vergüenza ni pena entre mis compañeros; hemos creado un círculo de confianza donde podemos expresarnos sin recato, sin reservas, sin temores. Considero que las actuaciones fueron bastante decentes, me asombraron. La mayoría de los monólogos tenían una tendencia cómica; algunos presentaban situaciones absurdas y otros incluso pretendían conmover. A medida que mis compañeros iban representando a sus personajes, me iba dando cuenta que no existía diferencia entre lo absurdo y lo supuestamente lógico; una fusión de lo real con lo fantástico; la locura era posible y lo imposible no existía.

La última clase; nuestro último viernes juntos; muchos recuerdos; nuevas amistades; nuevas experiencias; nuevas oportunidades de creatividad. Solamente nos queda el día de la presentación final; las sesiones han terminado y las memorias permanecerán intactas… todo final tiene un nuevo comienzo.

“Todo concluye, pero nada perece.”
-Séneca

No hay comentarios: